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Escribiré para mi algo que contenga mis propios símbolos dioses en los cuadernos y para las noches tormentas porque las tormentas son como gatos sarnosos tan llenos de amor por las palomas palomas negras palomas moradas palomas an...

Escribiré para mi

algo que contenga mis propios símbolos

dioses en los cuadernos

y para las noches tormentas

porque las tormentas son como gatos sarnosos

tan llenos de amor por las palomas

palomas negras palomas moradas palomas anaranjadas

que picotean los corazones de las medallitas milagrosas

y en ese mismo corazón me columpio como si fuera quinceañera

con los calzones en los tobillos

las piernas hacia arriba

tocando con la punta de los pies el infinito

o esa rama de árbol quebradizo

ese árbol que eres tú y todos los dioses

ese bosque bruma cansancio generacional

esas veladoras como el ojo del leopardo

acechante en el vidrio

el ojo de venado el ojo del sapo

el cáliz de mis propias circunvoluciones

las plumas el grito el jugo mágico de las margaritas

así se disparan los infantes por toda la ciudad

porque los niños de México son felices jugando a la metralla

corren por la playa desnudos

haciendo surcos con sus lustrosos penes

brillantes penes llenos de diamantes

niños abortados que se avientan desde catedral

hacia el palco de los gobernadores

y ahí están como fetos sonrientes y poderosos

mientras las niñas

con sus limpias vaginitas cantan el aleluya por las calles

trepadas en los edificios en las sirenas del carro patrulla

encimadas en los aparadores como flores anaranjadas negras diamantinas

ellas corren cojen y colorean

brincan bailan se esconden detrás de los colchones

con sus manitas malformadas

niños caníbales niñas flores hambrientas

porque las trompadas fueron hartas

como buena es la hierba de la reconciliación

y el universo placentario tan estrecho para esconderse

claro que sí

voy a escribirle un texto a esos niños

porque también fui una niña vestida de cenicienta

fui niña tierna cuando era niño

y el ropero no guardó jamás mi falda corta

ni mis ligueros cuando ya se me veía el bigote

ese bigote que picaba en las fronteras de la carne

 

la noche que maté a mi madre ella rezaba

como rezan las piadosas madres mexicanas

sus letanías a la virgen eran de un hartazgo inconfesable

una maldita rasquera un grito y a callar he dicho

                                             ¿para qué la pútrida esperanza?

por las techos aun sonaban las últimas canciones del bolero

que sobre el neón va en busca de un tacón torcido

un zapato desgastado para mis niños zapateros

incapaces de tener camisas propias con que arroparse

durante las tormentas

sueñan que vuelan como palomas negras rojas violetas

apretándose los cuerpos de niños vírgenes pasados de moda

para nacer de nuevo en el cuerpo de las niñas callejeras

que supieron abrir las piernas en el punto exacto de la noche

mis niños abandonados

los miro sonreír entre automóviles

bajo los puentes y en las alcantarillas

mientras corremos a esconder el rostro en nuestro traje sastre

guardados en el poema como si fuéramos distintos

y no la pura cobardía

las puntas del zapatito de la niña que se mece en el columpio

mostrando los calzones bajados hasta los tobillos

para que los varoncitos corran a masturbarse en el arroz con leche

de su posición social

 

mis símbolos queridos

mis amigos de aquelarre y pesadilla

yo los amo

porque habitan mis cuadernos las memorias

mi cráneo

porque en este camposanto los domingos vengo a orinarme de risa

hasta formar el arco iris final

donde los duendes me comerán el hígado

mientras me hacen millonario de sonrisas

 

cada quien su propio espíritu

lo diré claro

cuando venga el ornitorrinco que sostiene al mundo

el crucificado podrá abandonar al fin las leyendas

la danza de su milagrería esparcirá sus apagadas campanas

nos frotaremos los bigotes unos a otros

hasta descubrirnos niñas

que esperan en el rincón por sus propios violadores

y caminan los desiertos disfrutando la arena entre sus dedos

limpias ya de toda sarna

de toda mordida en los flácidos cuerpos

alegres y con el pelo limpio        olorosas a mango

goteando olvidados miedos a la oscuridad

en esa arena que             tú lo sabes

será acaso el verdadero dios

 

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